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lunes, marzo 09, 2009

¿Otra vez “A true story”?

El sustituto (“Changeling”, Clint Eastwood, USA 2008)


Apenas vi ayer esta cinta y hoy por la mañana ya escuché el consabido “Es cierto, así pasó…”. Es que Clint Eastwood ni siquiera dice: “Basado en hechos de la vida real”, sino que tiene el descaro de decir: “Una historia verdadera”. Sí, efectivamente hubo varios crímenes de niños cerca de Los Angeles en 1928: los famosos “crímenes del gallinero de Wineville” y “Changeling” parte de estos sucesos ciertos para hacer una historia… a su antojo y cambia ¿lo que le estorba, lo que no le gusta? No lo sé, pero la historia no es fiel a la realidad pero no me quiero adelantar. Lo verdaderamente dramático es que el común de los espectadores digieren íntegras las palabras iniciales y terminan creyendo incluso que tal persona(je) “¡tiene los ojos azules! Yo lo vi”. Olvidando que, en el mejor de los casos lo que están viendo es una “personificación”, por eso se llaman “personajes” y por eso son actores. En fin, dejaré este asunto para otro día.

“Changeling” o “El sustituto” contiene varias historias: de la mujer, de la policía, de los criminales seriales y de los secuestros/asesinatos de menores.
La historia de la mujer, Christine Collins, parece muy ad hoc con el día internacional de la mujer: los argumentos de la mujer son menospreciados a tal grado que, por “ponerse sentimental”, pierden toda su validez ante las evidencias “científicas”; una mujer sola puede ser objeto de vejaciones físicas, psicológicas y sociales simplemente… por ser mujer, aún en Estados Unidos de Norteamérica, la tierra de la igualdad.
La historia de la corrupción policial, al estilo nazi que da para una historia entera: cómo el deseo de poder, la ambición y el “quedar bien” políticamente puede llevar a una corporación completa a corromperse pero… como esto nos es muuuy lejano, lo dejaremos para otra ocasión.
Las historias, tanto de los asesinos en serie como de los secuestros/asesinatos de menores, demasiado trillados y dignos más bien de documentales de Discovery o de History Channel (siempre aderezados, a fin de cuentas, como la cinta de Eastwood ¿quién se va a tomar la molestia de corroborar la veracidad?)

No nos queda más que las actuaciones. Hay tres que vale la pena mencionar: el Reverendo (John Malkovich), un buen actor en un papel secundario. El detective Lester Ybarra (Michael Kelly) que lo hemos visto en Law & Order. Y, sin duda alguna, Stanford Clark (Eddie Alderson) un niño de 14 años que personifica maravillosamente a un pobre niño con una carga de conciencia que lo supera. ¿Angelina Jolie? Menos mal que no le otorgaron el Oscar a la mejor actriz por esta cinta.

jueves, febrero 05, 2009

¡Sí señor! “Yes Man” (Peyton Reed, USA, Australia 2008)


Después de la interesante y divertida comedia “Abajo el amor” (“Down the love”) y además ahora con Jim Carrey, esperábamos algo mejor del Director Peyton Reed. La vida sólo se puede vivir con humor y con pasión: ¡sí señor!... Pero justo eso es lo que le falta a esta cinta. Fuera de un par de momentos divertidos, no deja de ser un humor simple o grotesco. La pasión no es gritar a lo tonto: “sí señor”, o hacer viajes sin sentido, sino hacer lo que se hace, con pasión.
No dudo de la preocupación de los norteamericanos por la indiferencia, el egoísmo y la soledad en la que viven muchísimo de ellos, pero no se arregla con propuestas vacías de pseudo-altruismo, de irreflexión, de compromisos estúpidos pero sin comprometerse con nadie, de recetas fáciles y cursos rápidos “para ser felices”.

No. La respuesta no va por ahí. La verdadera alegría y el sentido del humor surgen de lo más profundo de nosotros mismos: es estar de acuerdo consigo mismo. Pero, para estar de acuerdo con uno mismo, hay que reflexionar sobre lo que somos, quiénes somos y a dónde queremos ir… y buscarlo con pasión.
Si desea simplemente divertirse, no pierda su tiempo ni su dinero. Mejor rente “Todopoderoso” o “Abajo el amor”.

lunes, febrero 02, 2009

"Seven Pounds" (Gabriele Muccino, USA 2008).


(Querido lector: si no ha visto la película, posiblemente no desee leer este comentario pues aparecen adelantos de la cinta. Si ya la vio, quizás no esté de acuerdo conmigo. Pero si hacemos un análisis concienzudo de los hechos y corremos la historia hasta el final, podríamos encontrarnos algunas sorpresas.)
Dios: sumas y restas. Esta es la filosofía en la que “cree” muchísima gente. La filosofía de la “justicia”. Ben Thomas (Will Smith) la lleva al límite con una sobredosis de manipulación sentimental. Restituir el mal por el bien, equitativa e igualitariamente, podrá parecer justo. Lo que queda claro es que eso NO es amar. Es hacer algo esperando tranquilizar la conciencia, pero no pensar en los otros, en el otro.
Una sociedad en la que no existe el perdón sino la justicia, donde el castigo, y aún más, el autocastigo es pagar: simplemente pagar. La conciencia sola es inmisericorde, o sea, sin corazón. La conciencia inmisericorde busca una salida pragmática y racional. Hice daño a siete –por el motivo que sea- ahora pago a siete.
¿Qué piensa el espectador "común" al ver esta cinta? Quizás nada. Sólo es capaz de experimentar sentimientos contradictorios, pero tristemente pocos consiguen traspasar la barrera de los sentimientos y poner a trabajar al hámster que todos llevamos arriba. ¿”Seven pounds” Ganará algún Oscar? No lo dudo. Quizás este sea el año del suicidio.
La cinta tiene algunos -pocos- momentos de buena fotografía, una edición que deja mucho que desear, como cuando se les olvida bajar al gran danés del carro y cuando Ben no sabe qué hacer con el regalo para Emily. El Director Gabriele Muccino ya había dirigido a Will Smith en “Persiguiendo la felicidad”. Will Smith es un actor a quien le gustan los temas más de fondo: la inteligencia artificial, el amor, la felicidad y ahora la muerte… ¡pero siempre con Hollywood! Quizás le convendría dar un paso más y acercarse al cine de arte.
El fin no justifica los medios. Las humillaciones y los insultos al pobre judío ciego Ezra Turner (Woody Harrelson) no se justifican ni siquiera para ver si es una “buena persona” que merezca sus córneas. El deseo de hacer el bien nunca es suficiente: hay que hacerlo siempre bien y empezando por uno mismo cuidando la vida porque, el que ama es el que da la vida por sus amigos. ¡Pero la vida, no la muerte! Ben Thomas comenzaba a encontrarle sentido a su vida al vivir para Emily Posa (Rosario Dawson), pero lo que parece una valiente determinación no es más que una señal de cobardía: prefiere evitar otra vez el sufrimiento de ver morir a un ser querido y acaba con su vida.

Otra extraña cuestión: Emily le dice a Ben: "¿Por qué tengo el sentimiento de que me estás haciendo un gran favor?" (Why do I get the feeling you're doing me a really big favor?). Ben le contesta: “Porque tengo el sentimiento de que realmente te lo mereces” (Because I get the feeling that you really deserve it). Casi parece que Ben toma el papel de un dios inútil que no ha sabido hacer bien su trabajo. Pero ¿realmente así es Dios? NO y mil veces NO. Eso es una perversión de dios. Dios no nos ayuda porque “nos portemos bien”. Ese es uno de los prejuicios más comunes sobre Dios. Dios nos da siempre cosas buenas: entre ellas, la que sustenta todas las demás: la vida. ¿Y si Dios no existe? En última instancia: si yo no me di la vida, no me la puedo quitar así como así. Ni siquiera para ayudar a otro. Lo único que da sentido a la vida es el amor. Pero nos encontramos con otro prejuicio hollywoodense: solo ellos equiparan el amor con el sexo. Pareciera que sin sexo no hay amor. ¿Lo que más necesitaba Emily Posa era un corazón o alguien que la amara? Quizás al paso de los años, se dará cuenta de que lo único que da sentido a la vida es el amor, el amor que acompaña también en el sufrimiento y en la muerte. No un supuesto amor que huye del sufrimiento por el camino del suicidio. Parece que Ben pensaba: “Ya obtuve mi última ración de placer, ahora sí ya me puedo morir” ¿un héroe o un cobarde?
Ella busca vivir y él se suicida. ¿No es esto un contrasentido? La verdadera vida, la que vale la pena ser vivida, no es sumar y restar. Es dar, darse día a día, minuto a minuto… no huir de la vida.

+ Siete almas, siete pesos
- mi vida
= ¿justicia?

No, y menos aún amor. ¿Qué opina usted querido lector?

martes, enero 27, 2009

4 x 1: AUSTRALIA (Baz Luhrmann, 2008)


¿Documental? ¿Comedia? ¿Historia de amor o de los aborígenes australianos? Lady Sarah Ashley (Nicole Kidman), una dama inglesa va por su marido a la inhóspita Australia de los 40’s: una enorme colonia inglesa, habitada por aborígenes y terratenientes británicos. Al llegar se encuentra con un salvaje pero atractivo Capataz “Drover” (Hugh Jackman) de las tierras de su marido… y a éste asesinado.
La belleza y maestría de Nicole Kidman casi siempre son una garantía, sin embargo, el fotógrafo se excede en los “close up” tanto de la australiana y del varonil Capataz como de Nullah (Brandon Walters), el niño aborigen que sumerge a Lady Ashley en una aventura por el territorio norte de Australia.

Australia parece una serie mal llevada a la pantalla grande. La primera parte parece una comedia: Nicole Kidman haciendo el papel de una frívola y tonta dama inglesa que aparece ridícula frente a la fuerza y valentía de los varoniles ¿o salvajes? colonizadores británicos. La fotografía de la segunda parte podría perfectamente ser un documental de las tierras del norte de Australia. La tercera, una historia ¿de amor o de erotismo? Y la cuarta, una historia de amor, de coraje, de verdadera valentía. El final, casi forzado, para unir las cuatro partes anteriores.

Buena fotografía o recreación virtual que por momentos cansa. Buenas actuaciones, separadas en categorías: comedia, romance, drama, etc. La revelación de una nuevo galán de la pantalla grande: Hugh Jackman que vale comentar: a los varones celosos no les conviene ir con su novia o esposa. En un momento de la cinta, cuando aparece el Capataz, se escuchan por toda la sala los suspiros y exclamaciones de las mujeres.
Frases memorables: Ni el trabajo, ni la vida tienen sentido si tu corazón está vacío.
En fin, 4 x1: una cinta larga con dos finales.

martes, mayo 27, 2008

"Belleza invaluable": mujer devaluada.

(Cashback, Sean Ellis, Gran Bretaña 2006)
Un fotógrafo excepcional, una buena historia, un guión que da para mucho, poco presupuesto y un par de buenos actores ¿cuál podría ser el resultado? Desde inmejorable hasta decepcionante. El director es el fiel de la balanza. Un director que no entiende lo que es ser fiel a su propia historia y a los personajes, no tiene oficio y ese, me parece, es el caso de Cashback.
Hace mucho tiempo que una cinta no me ponía en la encrucijada de salirme del cine o quedarme a esperar que mejore.
El cine de terror no me gusta. El sufrimiento de los niños en la pantalla me puede matar. Pero acabo de descubrir un género que me indigna: aquel en el que el director -no los personajes como parte de la historia- usa a la mujer como objeto y sólo como eso. Una historia que todo lo justifica con unos supuestos de amor y de belleza.
Quiero detenerme en una escena. Ben (Sean Biggerstaff) es un estudiante de arte porque quiere ser pintor. Es un estudiante, casi ingenuo, enamorado de la belleza, a diferencia de su pervertido –desde la infancia- amigo Sean (Shaun Evans). Ben está aprovechando sus 8 horas extras que el insomnio le está regalando cada día y trabaja en un supermercado por las noches. Ya no está enamorado, pero el rompimiento con su novia le dejó una factura: el insomnio. Como es capaz de detener el tiempo a su antojo mientras él mismo se mueve entre las personas inmovilizadas, detiene el tiempo en un pasillo del supermercado lleno de mujeres y una pareja joven. Se pasea de un lado a otro y, sin que la cámara de cuenta del desarrollo, aparecen todas las mujeres semivestidas o semidesnudas: alguna con tanga y una que otra con una blusa sólo acomodada sobre un brazo o un hombro. Gordas y flacas, altas y bajitas, jóvenes y no tanto, morenas y blancas. La cámara da cuenta de cada una de ellas en una larga y detallada secuencia. Ben se sienta en un banco a pintar a una de las mujeres: pinta su cara y una parte de su pecho. Al terminar, Ben recorre el pasillo junto con la cámara y de pronto aparece la joven pareja. Ella: semidesnuda. Él: totalmente vestido. ¿Lo justo hubiera sido que el joven apareciera en igualdad de circunstancias que ellas? ¡No! no se puede simplificar a una situación de igualdad sin más. El trasfondo es mucho más que eso. La mujer –todas las mujeres- en un pasillo del supermercado para él sólo, pero… ¡a él no le interesa pintar más que sus caras y, cuando mucho, una parte del pecho! El director lleva a su personaje principal a una contradicción imperdonable, porque no es a Ben a quien le importan llas mujeres como "cosas" sino al director que se retrata en el amigo de Ben. Sean Ellis –el Director- es Sean Higgins –el amigo de Ben-.
Tercer milenio: 2006. Primer mundo: Londres. ¿A dónde nos ha llevado la supuesta liberación femenina? Con el pretexto del arte –cine- el director vende a la mujer como mercancía.

¿Algo rescatable? La narración de los primeros cinco minutos y de los últimos 10, que le regalo como cortesía al final, querido lector. Y los efectos especiales que cada día son menos especiales.

Esta cinta no tiene una sólo escena en la que involucre una relación sexual explícita, por lo que en México la calificaron como B-15. Magnífico… si queremos unos adolescentes que vean el sexo como algo vulgar, que vean a la mujer como una cosa y no como una persona; si queremos que nuestras adolescentes SE piensen a sí mismas como objetos, como productos, incluso detrás del fondo pseudo-poético de la cinta. Este es uno de los casos en los que la pornografía y el erotismo se esconden tras la etiqueta de “cine de arte”, por diez minutos rescatables. No es cine de arte: es una cinta "pornosoft". Sí, grotesca.

No se que fue lo más desagradable de la cinta, si las mujeres del pasillo en Cashback, los adolescentes espectadores o las mujeres adultas que festejaban los insultos del director en la sala de cine, a un lado de nosotros.

Lo prometido es deuda. Aquí va la narración para ahorrarle casi dos horas:
"Once upon a time, I wanted to know what love was. Love is there, If you want it to be. You just have to see, that it's wrapped in beauty, and hidden away between the seconds of your life. If you don't stop for a minute, you might miss it.”
“Había una vez que yo quería saber lo que era el amor. El amor está ahí si tú quieres que exista. Sólo tienes que verlo, está atrapado en la belleza y escondido entre los segundos de tu vida. Si no te detienes por un minuto, lo puedes perder”. That’s all.

domingo, febrero 24, 2008

“Soy leyenda” (“I Am legend”, Francis Lawrence, USA 2007).

Demasiada película para tan corto guión. Un hombre solo en Nueva York por cuatro años y toda la película se dedica a hablar, hablar, hablar y hablar... con su perro ¿hollywodesco acaso?
¡Cuántas reflexiones -sin palabras- podía haber compartido Robert Neville (Will Smith) con el espectador en ese, tan utópico como desolador, Manhattan! Nadie dice que, por salud mental, no hacía lo correcto. Pero, desaprovechar de esa manera la posibilidad que le daba el mismo guión, sólo puede pasar en una cinta norteamericana.
“Soy leyenda” tiene dos cosas rescatables: el artesanal trabajo en la computadora y las buenas intenciones del Director Francis Lawrence. Cuando la salud no tiene más límites que los de cualquier empresa. Cuando las restricciones en la venta de fármacos son simples legalismos. Cuando primero es el negocio que la persona. Cuando ya no hay marcha atrás. Cuando primero está la fe en la ciencia que en Dios. ¿Qué no son los ateos los que acusan a los creyentes de fanáticos? Con todas las buenas intenciones del Director y de Will Smith, el milagro que lleva a la fe al Dr. Neville parece más bien superstición. Un amuleto: la mariposa que su hija –también en la vida real- hace con sus manitas y que luego ve en el cuello de la mujer que lo salva.
Un argumento simple, lineal, infantil. Parece que el director presupone 2 neuronas: una para recordar las calles de Nueva York y la otra para estar preparado por si aparece otro “buscador de sombras”.
Basta de críticas amargas. Volvamos a las buenas intenciones. No sexo, no drogas, no alcohol, no vandalismo. Minorías pacifistas: un cantante negro, la brasileña y la comunidad de humanos -que ahí son minoría-. Mujeres valientes y compasivas -no esculturales-: la esposa de Robert, el maniquí y la brasileña que lo salva. El ¿buen humor? de Shrek. Y Dios. En la última escena vemos una iglesia al fondo.

“Soy leyenda” nos recuerda –como se los repito siempre a mis alumnos- que no son suficientes las buenas intenciones y un gran presupuesto. Una película de calidad exige oficio: si se hace un buen trabajo, el espectador no necesita explicaciones obvias. Necesita imágenes que lo lleven a pensar y a deducir. Un buen Director cree en el espectador.